El sentido de la Filosofía

filosofiaMuchas personas saben lo que la palabra filosofía significa, pero desconocen su estructura verbal. Está formada por las palabras griegas “philo” y “sophia“, que significan “amor a la sabiduría”. Filósofo es el amante de la sabiduría. Pero la filosofía fue poco a poco transformándose de un simple afán o de un simple amor a la sabiduría, a “la sabiduría misma”; o sea la filosofía fue vista como la sabiduría misma. Y aquí nos encontramos ya con el primer problema: si la filosofía es el saber ¿qué clase de saber es el saber filosófico?

La disposición de ánimo de la filosofía: el asombro

El método de la filosofía puede, en efecto, definirse, describirse; pero la definición tiene que de él se dé, la descripción que de él se haga, será siempre externa, ya que no tendrá contenido vivaz, no estará repleta de vivencia, si nosotros mismos no hemos practicado ese método.

Para abordar la filosofía, para entrar en el territorio de la filosofía, una primera disposición de ánimo es absolutamente indispensable. Es absolutamente indispensable que el aspirante a filósofo se haga bien cargo de llevar a su estado una disposición infantil; el que quiere ser filósofo necesitará infantilizarse, hacerse como niño pequeño.

¿En qué sentido se afirma que el filósofo debe hacerse un niño pequeño? Se hace en el sentido de que la disposición de ánimo para filosofar debe consistir esencialmente en percibir y sentir con todos sus sentidos, tanto en el mundo de la realidad sensible como en el mundo de los objetos ideales, problemas, misterios; admirarse de todo, plantarse ante el universo y el propio ser humano con un sentimiento de estupefacción, de asombro, de curiosidad insaciable, como el niño que no entiende nada y para quien todo es problema.

Esa es la disposición primaria que debe llevar al estudio de la filosofía el principiante. Dice Platón que la primera virtud del filósofo es asombrarse  (“Thaumatzein” -dice en griego-de dónde viene la palabra admirarse), sentir esa divina inquietud que hace que dónde otros pasan tranquilos, sin ver ningún problema, el que tiene una disposición filosófica está siempre inquieto, intranquilo, percibiendo en la más mínima cosa problemas, misterios, incógnitas que los demás no ven.

Aquel para quien todo resulta muy natural, para quien todo resulta muy fácil de entender, para quien todo resulta muy obvio, ese no podrá nunca ser filósofo.

El filósofo necesita, pues, una dosis primera de infantilismo; una capacidad de admiración que el hombre ya hecho, que el hombre ya endurecido y viejo no suele tener. Por eso Platón prefería tratar con jóvenes, a tratar con viejos. Sócrates, el maestro de Platón, andaba entre la juventud de Atenas, entre los niños y las mujeres. Realmente, para Sócrates, los grandes actores del drama filosófico son los jóvenes y las mujeres.

Ese asombro, pues, es una fundamental disposición para la filosofía. Y resumiendo esta disposición, podremos definirla hora, ya de un modo conceptual, como la capacidad de problematizarlo todo, de convertirlo todo en problema.

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Acerca de Luis Acuña Leal

Profesor de Religión y Filosofía
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