David Hume (1711- 1776)

Hume y sus problemas con el cristianismoDavid Hume nace en Edimburgo, Escocia un 07 de mayo del 1711 bajo el seno de una familia cercana a la aristocracia.  Fue filósofo, economista, sociólogo e historiador y, es considerado, como una de las figuras más fundamentales de la ilustración escocesa.

Estudió, de manera muy apasionada, filosofía en la Universidad de Edimburgo, pero sus padres querían que él fuera abogado, a lo que se negaba rotundamente.

Con solo 27 años de edad, ya había escrito una de sus obras, titulada “Tratado sobre la naturaleza humana”, demostrando a todos que se puede ser joven y sabio, a la vez.   A pesar de ser un genio y tener ideas brillantes, fue excluido de muchos ámbitos académicos por sus ideas escépticas y próximas al ateísmo.

Teoría del Conocimiento de Hume

Hume está convencido de que todo nuestro conocimiento viene de la experiencia.  Cree que todos los contenidos de la mente humana son percepciones y que no existen las ideas innatas o de nacimiento.  Todo lo que conocemos, lo hacemos a través de la experiencia, a través de la percepción que, están divididas en dos clases: impresionesideas.

Por ejemplo, al decir que ahora mismo vemos una mancha azul, estás recibiendo la impresión del azul con un alto grado de fuerza y de viveza.  No te lo estás imaginando, no lo estás recordando, lo estás percibiendo ahora mismo.  Esto es lo que Hume llama Impresión.  Percibir algo en el presente con toda la fuerza y viveza.

Ahora pensemos en el azul.  En la mente estás generando una idea del color azul, pero no lo estás percibiendo con la misma fuerza, ni con la misma viveza que antes.  Ahora mismo ya no estás recibiendo una impresión del azul, sino que estas generando una idea.  La idea tiene menos fuerza y menos viveza que la impresión.

Mientras que la impresión es del presente, la idea es algo del pasado.

Hume está convencido de que la idea es dependiente de la impresión, es decir, primero recibimos la impresión.

hume-3-728Imaginemos que se da la siguiente situación:

“Hijo, apaga la televisión que te voy a enseñar una lección muy valiosa.  Hoy te enseñaré lo que es el color azul.

El azul es el color que se percibe ante la fotorecepción de una luz, cuya longitud de onda mide entre 460 y 482 Nm (Nanómetro, que equivale a la millonésima parte de un metro) ¿Te quedó claro?”

Obvio que no quedo claro, ya que las ideas no producen impresiones, sino que al revés.  Si le enseño a un niño una cosa de color azul, entenderá mucho mejor lo que es. en sí, el azul.

Las impresiones y las ideas pueden ser Sencillas (simples) Complejas. 

Cuando nos referimos a un solo elemento, decimos que es una impresión o una idea Sencilla o Simple, por ejemplo, un color determinado como el rojo.  En cambio, un gato sería una idea Compleja, pues no se compone de un solo color, sino que tiene color, forma, olor, lo podemos tocar (textura).

Si es cierto que las ideas requieren una impresión… yo tengo la idea de un Unicornio pero no tengo la impresión de un unicornio ya que nunca lo he visto.  ¿Cómo es posible que tenga ideas de cosas que no existen?

A lo anterior, Hume dirá que es simple, pues además de la facultad de la memoria, que reproduce las ideas, poseemos otra facultad que es la imaginación.  Gracias a ella podemos variar o convinar de diversas formas las ideas.

La teoría más famosa y revolucionaria de David Hume es su crítica a la causalidad necesaria.

Para explicar esto, vamos a imaginar que llamamos a los científicos más grandes del mundo.  Ellos se dedican a observar hechos, por ejemplo, que la tierra gira sobre sí misma y también al rededor del sol, que el agua (al nivel del mar) hierve a los 100° Celsius, etcétera.  ¿Cómo pueden, ellos, estar totalmente seguros de estas cosas? ¿Por que no podrían cambiar las cosas en el futuro?  Obviamente los científicos se mirarán unos con otros, con inseguridad y titubeando responderán que “hasta ahora, por costumbre, las cosas han sido y serán así por la fe que tienen en ello.  Hume se da cuenta de que no tenemos impresiones del futuro.  No tenemos experiencia del futuro y, por tanto, tampoco tenemos la certeza de lo que va a suceder más adelante.  Como mucho tenemos una creencia.

La ciencia fundamenta todas sus proposiciones referentes al futuro en una costrumbre. Las proposiciones de la ciencia respecto a lo que ocurrirá ya no son necesarias.  Hume demuestra que no se basan más que en el hábito, en la fe, en la esperanza de que las cosas sigan siendo tal y como han sido hasta ahora.

Hume cree que no es posible que la mente encuentre el efecto de la supuesta causa, ya que la experiencia es el fundamento de todas nuestras conclusiones.  La relación causal entre A y B, dos fenómenos que se suceden el uno al otro, no es necesaria pues no tenemos impresiones ni del futuro, ni de la supuesta causalidad.

La postura de David Hume, nos invita a un escepticismo moderado. Aunque no estemos 100% seguros de que en el futuro el agua hierva a los 100° C, sería probable que fuera. Cambiamos la certeza por la probabilidad.

La ética en Hume

David Hume cree que la Ética debe ser laica. Tenemos que separar la Religión de la Ética.  Es conveniente que juzguemos las cosas con nuestra razón natural y no con las extrañas supersticiones de las diferentes religiones, después de todo, vivir en el celibato o hacer penitencia, no parece que nos convierta en los miembros más valiosos para una sociedad.  Hume cree que es la emoción y no la razón, la que nos ayuda a diferenciar lo correcto de lo incorrecto.  Por ejemplo, si un vecino golpea a otro y yo lo veo, por la emoción del momento sabré que lo del golpeador estuvo mal.

El fin último de la ética es la felicidad.

Todos queremos ser felices, pero pocos lo consiguen ¿Qué pasa aquí?  La felicidad es una conquista que requiere fortaleza de ánimo, valor y energía.  Los que se aprovechan del otro, podrán triunfar en su empeño y lograr con poco esfuerzo mucho, pero al final serán víctimas de sí mismos.  Puedes engañar a otros pero no a ti mismo y, no hay ningún placer comparable a la paz interior del espíritu, a la conciencia de la propia integridad, a la autosatisfacción con nuestra propia conducta.  Quien quiere ser feliz lucha por ello.

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Acerca de Luis Acuña Leal

Profesor de Religión y Filosofía
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